Quisiera dedicar esta entrada a Gerardo, Miguel, Miguel A. R. G., Inés, Isabel R. S., Álex, May, David e Ingrid A. R., por haber soportado mis charlas y haberme intentado ayudar y aconsejar. Todos me habéis ayudado a comprender poco a poco lo que aquí se lee, que en definitiva, no es poco. Muchas gracias por haber estado ahí y tener tanta paciencia conmigo. Os quiero mucho.

Creo que todos tenemos esta habilidad en cierta medida, pero por suerte para muchos, cuando se tiene una autoestima y una identidad fuertes, no afecta demasiado en tu desarrollo normal, es esa identidad la que te suele causar problemas más bien. Sin embargo, cuando uno tiene una gran capacidad para absorber las emociones de los demás, y además tiende a centrarse mucho en los demás y, por si fuera poco, tiene una identidad y autoestima poco desarrolladas y ejercitadas, esta habilidad se convierte en un calvario. Uno que, generalmente, cuesta mucho de identificar y de aprender a manejar.

Para que la gente que no sabe a lo que me estoy refiriendo y aquellos que pueden sufrir lo mismo sin saberlo (que son más de los que pensamos) entiendan de lo que hablo, voy a describir en qué consiste y cuáles son las consecuencias en base a mis experiencias.

A menudo oímos hablar de la importancia de ponerse en la piel (o en los zapatos, según de donde vengas) de los demás. Todos tenemos la capacidad de sentir lo que otras personas sienten en determinado momento, lo único que a menudo es tenue o no tan intenso como para que te cueste deshacerte de esa sensación y volver a lo que tú sentías anteriormente.

Como ocurre con todo, cuanto más lo practicas, mejor se te da. Esto se traduce en que sientes con mayor fuerza lo que otras personas sienten, lo bueno y lo malo, y con el tiempo... esto ocurre sin ni siquiera plantéartelo, sino que es espontáneo. Con aún más tiempo, cuando esto pasa, dejas de identificarlo como algo externo y piensas que eso que sientes proviene de ti, y es entonces cuando te pierdes. En ese momento, entras en un laberinto donde la única salida está cerrada con una llave que no recuerdas dónde la has dejado, porque ni siquiera recuerdas haber sido tú quien la ha cerrado.

Lo peor de todo es que la puerta no está cerrada a los sentimientos externos, y estos siguen llegando mientras que los primeros nunca se fueron. Esto hace que se vaya generando una montaña de sentimientos confusos para los que no existe una explicación aparente. Esta confusión te lleva a creer que eres quien no eres, a hacer lo que no harías en otras condiciones.

Obviamente, tiene su lado bueno, aunque no compensa, y es que también te alegras mucho más por los buenos sentimientos de los demás. Pero esto, a su vez, se convierte en otro laberinto sin salida aparente, porque los sentimientos positivos de los demás también se van acumulando en uno mismo, aunque no te pertenezcan, y entonces sientes alegrías y sentimientos positivos con estímulos a los que anteriormente no reaccionabas así. Y crees que algunos de estos estímulos son realmente cosas que te apasionan, de las que quieres saber más y más y a las que quieres dedicar más y más tiempo, cuando no es así.

Tampoco hay límite en el número de personas de las que puedes llegar a absorber emociones, aunque generalmente de las que más se suele absorber son las más cercanas sentimentalmente y a las que más ves, ya que el contacto también ayuda mucho. Sin embargo, si eres alguien que se suele relacionar con muchas personas constantemente o de manera superficial con una serie de personas todas distintas que tengan una característica en común, también te afecta en gran medida.

Todo esto te lleva a entrar en una dinámica que te aleja más y más de lo que tú eres. Te lleva lejísimos, a una zona remota que nunca habrías imaginado o deseado llegar, hasta que llega un punto en que algo en tu interior te avisa que has llegado demasiado lejos y que definitivamente no encaja con lo que tú eres, pero están tan lejos y has dejado de contactar con lo que tú eres por tanto tiempo que no sabes ni dónde estás, ni dónde está lo que tú eres ni cómo volver. Intentas gritar para que te saquen de donde estás pero nadie entiende tus gritos porque ni tú mismo te entiende. Y aunque lo hicieras, es poco probable que los demás te entendieran.

Con el tiempo te sientes frustrado, porque no has podido desarrollar lo que a ti te hubiera gustado; sientes que no sirves para nada, porque aquello que anhelabas no lo has conseguido, porque sólo has conseguido los éxitos de los "demás", y las alabanzas de los demás nunca te llenarán como lo podrían hacer las que te puedas dar a ti mismo, que no te las darás porque no has alcanzado "tus" metas, sino las de otros. Pero tú no sabes eso, simplemente sabes que no te sientes conforme y no sabes por qué, piensas que puede ser por muchas cosas menos por las que es.

Esto te lleva a la inacción, a que nada te haga sentir satisfecho porque no te encuentras contigo mismo en ningún momento. Tú no eres tú hagas lo que hagas, y la verdad, a nadie le gusta no ser uno mismo. Esta inacción, a su vez, te lleva a sentirte culpable por no hacer nada, por saber que tienes muchas cosas por hacer pero te falta el combustible, te falta la energía que te insufla el corazón cuando haces algo que, de una forma u otra, ves que quieres hacer o realmente te compensa hacer. Todo ello te genera una espiral descendente que te lleva al más crudo odio a ti mismo. Te encuentras cada vez peor, cada vez más enfermo, cada vez más inactivo, cada vez más culpable, con cada vez más malestar en todo momento.

Por si fuera poco, como te olvidas de ser tú mismo sin los demás porque son los que te rodean los que alimentan la máscara que crees ser, buscas estar con tus amigos o con tus familiares, para que te provean de eso que tú crees que eres, además de porque disfrutas de su compañía, claro. Pero, aunque parezca mentira, en el fondo disfrutas menos que antes, porque en el mismo acto de absorber de los demás, estás negando lo que eres y suprimiendo tus propios sentimientos, lo cual te impide disfrutar tanto del momento. Esta manera de relacionarte te lleva a hacer preguntas y realizar acciones que carecen a menudo de sentido o son repetitivas pero que tienen un fuerte componente de "demanda de energía". Esto también hace que te sientas mal contigo mismo.

De todas formas, aun cuando descubres que tienes esta capacidad, especialmente cuando realmente comprendes el alcance y las repercusiones de todo esto, te queda la tarea de desprenderte de todo lo que te sobra y regresar a ti mismo para después poder redirigir tu vida en la dirección que te dicta tu corazón, lo cual no es poca cosa, la verdad. Pero esto es prácticamente imposible si uno no averigua cómo dominar esta habilidad, porque entorpece tu camino constantemente, te distrae y te vuelve a llevar por donde has vuelto y tienes que empezar de nuevo.

Probablemente la clave esté en quererse a uno mismo incondicionalmente, en aceptarse tal cual uno es, en volver a apreciar la total soledad y valorar lo que uno realmente desea y ansía, equilibrando todo con esta habilidad para no volver a caer en extremos... Se aceptan ideas de toda clase.

Ya veremos lo que sale de todo esto...

(Gracias por leer hasta aquí)

A ver cómo me queda esto... Es un tema que lleva tiempo pululando por mi cabeza, y gracias a una conversación con mi amiga Jeanette he podido sacar algunas ideas en claro. Voy a intentar exponerlas con la mayor tranquilidad posible, porque a veces me irrita pensar en la hipocresía e injusticia de la gente (mil sorries, soy Sagitario :D).

El tema trata del caso de Violeta Santander, que para los que no lo sepan por distintos motivos, voy a exponer en la menor cantidad de palabras posible:

Violeta es una chica con la que forcejeaba su novio, Antonio Puerta, a la salida de un hotel cuando un hombre, el profesor Neira, acudió a ella para socorrerla y cuando los separó, el hombre entró en el hotel y Puerta le dio un puñetazo, lo cual hizo que Neira se cayera al suelo pero no ocurrió nada más en ese momento. La chica acudió a auxiliarlo y a comprobar que el hombre estaba bien. Al cabo de una semana, el profesor, tras haber pasado revisiones médicas, cayó en un coma del que está empezando a salir al cabo de varios meses.

La cuestión es que desde que se supo el caso, el profesor Neira ha sido ensalzado como gran héroe de España e incluso el gobierno le ha otorgado una medalla al honor cívico o algo así (supuesto movimiento totalmente estratégico para incrementar el incipiente debate social para que la gente se centre en este tema y no en otros que perjudican más al gobierno), Antonio Puerta ha sido tildado de maltratador y Violeta Santander debe ser la indefensa mujer maltratada, víctima de la lacra que aterra la sociedad actual.

Aunque el verdadero problema está en que Violeta no se considera una mujer maltratada, ella reconoce que hubo un forcejeo entre ella y su novio, que el novio quería quitarle una cosa de las manos y él no y ya está. Sin embargo, cuando esta chica no acepta lo que la sociedad quiere imponerle socialmente, la gente se burla y se ríe de ella, la ataca verbalmente y la increpan, invalidando todo lo que ella dice y desconfiando totalmente de ella, murmurando lo escandoloso de su decisión de no querer acatar los mandatos sociales y no resignarse al papel de víctima, cuando todos creen que sí lo es y ese simple hecho debería bastar para que ella lo viera así.

Obviamente, el tema de las mujeres maltratadas es algo reciente que debe ser reconocido y resuelto, nadie merece ser apaleado y el hecho de que siga habiendo violencia entre las personas es una muestra de lo primitivo de la cultura actual. No obstante, la comprensión y el respeto que requiere este tema no parecen estar muy presentes cuando la gente reacciona ante las alegaciones de Violeta de que ella no se siente maltratada con gritos, risas, muestras de desconfianza y, mucho menos, el intento general de hacerla sentir y creerse víctima de la violencia de género.

Mi opinión es que, si la gente realmente sintiera comprensión y compasión por la gente maltratada, se darían cuenta de lo que han sufrido estas mujeres en épocas de mayor represión, cuando se les ha intentado imponer un estereotipo de mujer sumisa que tenía que aceptar todo lo que hiciera su marido y cuando la policía se reía ante los intentos de denuncia por parte de la mujer. El problema que han sufrido las mujeres maltratadas es la imposición de un estereotipo y...¡lo que está haciendo la sociedad actual es imponer un estereotipo a esta mujer!

Por otra parte, también pienso que esta actitud que ha adoptado la gente ante la violencia de género es una consecuencia del "orgullo del condescendiente" como si dijeran "fíjate, pobrecilla, no se da cuenta de lo que le pasa, pero menos mal que estamos nosotros, que somos más listos que ella y sabemos lo que está bien y lo que está mal y que tenemos un maravilloso don de empatía y podemos saber lo que ella siente mejor que ella misma, y mira cómo nos sacrificamos por hacerle entrar en esa cabeza que tiene que en realidad es una indefensa mujer maltratada", o similar.

De ser así, realmente no hemos avanzado y pienso que esta actitud es peor porque se ha escondido detrás de una fachada de aparente bondad y comprensión, que defiende a un supuesto débil (y denomina débiles a las personas de una manera subjetiva y arbitraria, creyéndose con una capacidad de juicio superior y, por tanto, pensando que hay gente mejor y gente peor capacitada...).

Finalmente, quiero decir que creerse en lo cierto por encima de alguien que necesariamente está equivocado, intentar imponer algo, no ponerse en la situación de la otra persona cuando se alega estar haciendo eso y hacer lo que se está haciendo gracias a que se está poniendo en la piel de la otra persona, y finalmente, no permitir la diversidad de opiniones con respecto a la tolerancia y la visión personal de lo que es el maltrato (en sus distintos grados), no son cosas que obstaculizan la verdadera evolución de la sociedad.

Por favor, no nos engañemos con un oficial y mediático supuesto progreso social, seamos más críticos con nosotros mismos e intentemos pensar cada uno por su cuenta sin recurrir con tanta fuerza, insistencia y miedo a argumentos populistas y a una opinión pública compartida para sentirnos aceptados y que pertenecemos a alguna parte.

Espero haber logrado discernir las partes del engranaje que mueve esta actitud y que cada una pueda ser analizada en alguna parte para su mejor asimilación y transformación en la mentalidad de todos. También espero no haber ofendido a nadie, pues no era mi intención.

Hace unos días mi amigo Miguel escribió una entrada sobre este tema en su flamante y nuevo blog y nos planteó esa misma pregunta a todos sus lectores (sí, es así de majo, ¡nos manda deberes!). Hoy escribo la respuesta que le prometí (gracias a su "paciente vehemencia", todo sea dicho).

Para mí, escribir un blog me permite internalizar mejor lo que ya sé y conozco, no es exactamente como "convencerme", como tú me comentaste, es recordarlo mejor y grabarlo más a fuego lento en el alma. De cuando en cuando quiero regenerar los patrones de conducta, pensamiento o sentimiento y para adoptar uno nuevo que ya he visto que es válido, necesito "practicarlo", y una buena manera de practicar es aplicarlo con palabras.

Las palabras dan mayor intensidad a todo lo psicológico, porque ya estás imbuyendo esa energía psicológica a algo "físico" y te resulta más real, aunque no quiere decir que lo sea. El hecho de que no sea real es una ventaja, de hecho, porque puedes pulir aún más esos patrones o puedes estar cometiendo errores a la hora de aplicar esos nuevos patrones y el escribirlos te permite darte cuenta de ello y corregirlo o mejorarlo.

También me sirve para ver escrito lo que pienso y darme cuenta de qué clase de pensamientos y de sentimientos estoy albergando. Estoy descubriendo que intentar verse desde fuera es una técnica genial para comprenderse mejor y para valorar si lo que está sucediendo en mi interior es adecuado o requiere modificaciones. Sin embargo, esto me resulta difícil de hacer al principio y escribirlo hace que todo sea más fácil, porque lo ves físicamente, no tienes que hacer el esfuerzo de imaginarlo. Puedes desprenderte y pensar que eso lo ha escrito otra persona.

Hay otra ventaja muy obvia a la hora de escribir en un blog, y es que escribir y escribir y escribir te enseña a escribir aún mejor. Estoy seguro de que si se hiciera un estudio, muchos blogueros admitirían haber mejorado su escritura gracias al mantenimiento de un blog. Lo que me asombra es ver que una persona empieza escribiendo fatal un blog y al cabo de los años, sigue escribiendo igual de mal. Me asombra por la magnitud de la desidia del / de la autor/a y por su falta de interés en todos los aspectos principales de un blog, pero no me extraña porque cosas así se puede ver en todas partes. En mi caso, escribir en un blog es una gran oportunidad para reflexionar sobre el uso de las palabras tanto semánticamente como gramaticalmente.

Dentro de esta ventaja también estaría la mejora en la habilidad para organizar y conectar las ideas, que se consigue prestando atención al proceso de elaboración de las entradas y en la reflexión sobre lo que un determinado párrafo ha llegado a querer decir para distintas personas y ver de qué otra manera se podría escribir para que resultara menos ambiguo, aunque siempre haya un margen que haya que asumir dado que no estamos en las cabezas de todos.

Además, al escribir, reflexionas y se te ocurren más ideas, porque es como si vaciaras tu mente y dejaras espacio para que aparezcan nuevos conceptos y nuevas conexiones entre las ideas previas. Esto también se ve favorecido por el hecho de que las palabras te permiten contemplar mejor tus pensamientos, como he dicho antes, y te permite observar y valorar otras facetas de los mismos y desde otros ángulos. Éste es un gran ejercicio mental que, bajo mi punto de vista, te proporciona una gran preparación a la hora de salir al mundo, ya que aumenta la flexibilidad de pensamiento y los recursos mentales que se tienen. Me gusta pensar que algunas de las cosas que escribo conforman un mapa de ideas y conceptos que dará lugar a herramientas psicológicas que me permitan ir más allá en mi búsqueda del conocimiento y de la sabiduría, permitiéndome comprender mejor el mundo que nos rodea y ése otro que no se ve con los ojos y que muchos desechan por ignorancia.

Por último, se encuentra el motivo que yo creo que todos los que nunca han escrito un blog imaginan, y es el hecho de ser leído por otras personas y recibir un comentario, que en muchos casos sirve simplemente para hacer sentir al / a la autor/a que es leído y "apreciado", pero que, por lo menos en mi caso, es interesante porque un comentario te da juego para expandir la entrada y aumentar tu conocimiento y sabiduría.

Antes de finalizar, quiero dejar claro que para mí, un blog no es una oportunidad para discutir y convencer a nadie, ello es algo que me cansa mucho y no me aporta nada, quien no acepte algunas de las cosas que yo escriba es bienvenido, pero que no venga con ánimo guerrero en pos de convencerme, agradezco que se me presenten ideas y otras posibilidades de pensar, pero no me gusta ir diciendo a la gente que está "equivocada", ya que si uno ha llegado a una conclusión, suele ser porque detrás ha habido un proceso mental. (Ya sé que no siempre es así, pero en mi caso, sí es así, y se agradece que se valore y se respete.)

Después de todo este "tomo", espero que no os hayáis perdido y si no habéis entendido algo, estaré encantado de explicarlo, puesto que es un gran ejercicio mental que te permite entenderlo aún mejor y abrir la mente a otros conceptos conectados a la explicación.

Dicen que escribir los propios pensamientos, si éstos son positivos, ayuda a grabarlos en el alma. Voy a comprobarlo haciendo aquí un pequeño ejercicio...

A medida que voy evolucionando y liberándome de trabas mentales y emocionales, van resurgiendo formas de pensar que tenía aparcadas o sometidas, que no las había valorado suficiente o que me habían enseñado que no eran válidas, que tenía que adoptar otras que han acabado demostrando ser insuficientes y contraproducentes, creando más tristeza y desasosiego que otra cosa.

Creo que en el mundo actual, las energías de cada signo están "enfermas" o "mal interpretadas" y que de cada uno tenemos la misma cantidad de lecciones que aprender. Si no me equivoco (y si me equivoco, ya se encargará Gerardito de corregirme :P) hay una lección fundamental de Aries sin la cual la estructura psicoemocional de cada uno se tambalea constantemente y creo que esa lección es la forma de pensar que está resurgiendo ahora mismo: la del valor propio.

Por un lado tenemos a aquellos que se valoran tanto, a menudo por miedo a lo "externo", que dejan de tener en cuenta a los demás, y los demás, que generalmente no suelen tener una autoestima sana (algo habitual hoy en día) adquieren la idea de que "valorarse" está mal y es dañino, y que por eso hay que doblegarse a los demás y anularse como persona. De ahí que estén tan extendidas ideas tan perjudiciales como que si no damos constantemente, no seremos valorados; que si no intentamos acoplarnos a una justicia preconcebida e idealizada, sin tener en cuenta las necesidades de cada uno en cada momento, no seremos respetados; que si no nos anulamos como personas con tal de que otros sean, los demás no sabrán ver lo bueno que hay en nosotros, etc.

Obviamente, siempre hay gente que están en el término medio, que han sabido reconocer esto en su alma y lo aplican con gracia. Pero creo que, desgraciadamente, no abunda la gente así.

Creo que es necesario para todos, pero sobre todo para mí, porque siempre lo estoy aplicando a los demás y yo me olvido a menudo de mí mismo, reconocer que el valor de uno mismo se muestra siendo simplemente, no estando tan pendientes de los demás hasta el punto de que dejamos de ser nosotros mismos y los demás ya ni nos conocen. Esta forma de pensar es un arma de doble filo, y es de doble filo porque hiere a ambas partes: te hieres a ti porque te resientes por no ser capaz de ser tu mism@, y hieres a la otra persona inconscientemente porque no tienes esa confianza con ese otro para decirle lo que sientes, la alejas de ti, sin que la otra persona se dé cuenta, y le muestras una parte de ti que no es cierta, es decir, le mientes, y cuando llega el momento de la verdad...descubre todas las mentiras que le has colado y se siente muy decepcionada, si es que la otra persona te quiere de verdad y no está simplemente utilizándote, en tal caso se enfadará porque le hayas mostrado tu cara verdadera y no estés dejándote utilizar una vez más.

Sinceramente, opino que creer que lo único que tiene uno para ofrecer es su capacidad de sacrificio y resignación es bastante infantil, es como olvidar todas las demás virtudes y habilidades que uno pone en práctica constantemente, todo el tiempo.

Por otra parte, el pensar que las relaciones se basan en "puntos" que se ganan sacrificándose por la otra persona es como haber distorsionado completamente el concepto del amor y haberlo sustituido por el miedo. La idea básica de los que temen está en el "hoy por ti, mañana por mí", pero aferrarse a esa idea como si fuese la única balsa en una tempestad es haber olvidado que la base de la relación no es dar, sino disfrutar juntos. Está claro que hay que saber dar, y saber recibir, pero las relaciones no son un contrato, son un regalo, y los regalos se disfrutan, ¿no?

Por último, hay una concepción que está cobrando mucha fuerza y que consiste en pensar que uno debe "ganar puntos" si uno quiere que le cuiden en un presente o en un futuro, algo muy habitual entre padres de edad avanzada con respecto a sus hijos adultos. Mi opinión es que...si los hijos adultos aún no han aprendido a valorar todo lo que sus padres ya han hecho por ellos, todo lo que puedan hacer ahora no será nada en comparación con lo que ya han hecho y probablemente los hijos no sepan valorarlo si entran en una dinámica de recibir constantemente.

Pienso que esta manera de relacionarse siempre dando y dando cosas "superfluas" o sacrificándose excesivamente es una manera de temer el expresar las propias necesidades y establecer así una especie de territorio franco en el que ambas partes contactan de manera íntima, reconociéndose igual de vulnerables y creándose una confianza profunda que es mucho más fuerte y duradera que cualquiera contrato de trueque.

Es una pena...con lo tierno y bello que es el amor en su parte más profunda...

Escenario: tumbado en el césped de una colina baja a las afueras de una ciudad, un lugar tranquilo y apartado del bullicio. Hay una gran necesidad de espacio personal, de tiempo para reflexionar y desperezar el alma y los pensamientos. Mis ojos se columpian de nube en nube, mis pupilas son inundadas por el azul del cielo. Mi corazón reconoce en ellas algo común, algo que nos une, que le hace sentir que estamos todos en este "juego" de la vida y que ellas también lo saben y que por eso hacen su papel lo mejor posible, intentando facilitar ese "juego" dentro de sus posibilidades. Las nubes me devuelven la mirada con una sonrisa a medida que pasan de largo, siguiendo su camino.

Acción: todos tenemos un corazón. Un corazón que late, que da vuelcos, que se encoge y se ensancha, que se para y se acelera, que en un momento desearía que siempre fuera así y en otro momento quisiera desaparecer (aunque, afortunadamente, los primeros abundan más que los segundos). Las caras se suceden en la imaginación, todas tienen algo en común, todas han tenido experiencias que las convierten en espectadores y actores. Mi corazón va más hondo y descubre un territorio que despierta en él lejanas memorias...una familiaridad poco familiar...

Esa sensación de que todos venimos sin saber nada, que todo lo que sabemos en un momento determinado podría ser cuestionado hasta un punto de no respuesta. Esos años en los que todos damos lo mejor de nosotros porque de alguna forma sentimos que la vida es complicada y llena de retos y nos nace no hacerla más compleja de lo que ya es.

(Mirar el blanco de los ojos para intentar reconocer ese ser que fuimos una vez...)

Un espacio en el que nos apetezca sacar a relucir esa parte de nosotros que todos compartimos, esas dudas y esos miedos que nos tumban de nuestras idealizaciones de vuelta a nuestra verdadera esencia, esas risas no reídas que nos conducen en nuestras búsquedas frenéticas tras la felicidad y nos obligan a parar en lugares que nunca habríamos programado...donde no somos nadie más que lo que hay bajo nuestra piel...

¿Qué podemos crear que nos devuelva a nosotros mismos? ¿En qué punto de nuestras vidas dejamos de aceptarnos? ¿Qué es lo que más nos avergüenza de nosotros mismos?...esto no es un reproche, no es un grito desesperado empañado en lágrimas, es una duda existencial que resquebraja las raíces de mi alma...liberándola a la vez, haciéndola sentir más libre.

La única pregunta importante: ¿por qué nos complicamos la vida?

Reparto: nadie.

Banda sonora: "Parece que viene", de Pastora.

(Nota del guionista: ¿cómo podemos extrañarnos de los asesinatos que se cometen por todo el mundo, si todos hemos matado al niño / a la niña que una vez fuimos?)

Tanto nos aferramos a la ilusión de que somos seres sólidos, cerrados e impenetrables, inamovibles e independientes, y no nos damos cuenta de cómo de abiertos estamos a las corrientes del mundo. Y cada una de estas palabras tiene más peso del que parece, porque ocurre a pesar de que no siempre (o más bien casi nunca) nos demos cuenta.

Con el paso de los años, uno tiene el regalo de haber podido observar un mismo objeto, una situación o un ser de distintas formas y entonces te preguntas: ¿qué ha cambiado: eso de "ahí fuera" o tú mismo? Está claro que eres tú el que ha cambiado, pero si cambias, significa que no eres tan "sólido y cerrado" como pensabas, sino más bien líquido y cambiante. Y en este cambiar, uno deja espacio para lo nuevo, o lo que no éramos antes, que no es necesariamente nuevo, porque otras personas seguramente lo habrán percibido y/o incluído anteriormente.

A veces, esto mismo que nunca antes habíamos experimentado ya estaba ahí sin que lo reconociéramos, sólo estaba esperando el momento o algo concreto para surgir. Es este "algo" o "momento" lo que nos afecta, lo que se cuela por las ventanas de nuestro ser y nos modifica, aunque sin dejar de reconocer la responsabilidad que cada uno tiene para tomar las decisiones que toma.

Otras veces, es algo que ya estaba antes y conocíamos pero que ha ido madurando y perfeccionándose, puliéndose, a través de las experiencias, de las ideas y los sentimientos que incluimos en nuestro ser, en la constitución básica de nuestro alma. Y se ha pulido tanto que no nos damos cuenta de que es lo mismo, de que seguimos siendo nosotros mismos, pero enriquecidos.

A menudo, sin embargo, suele darse el caso en el que cierta parte de nuestro ser se ve herido porque nos autocastigamos por una energía que ha pasado cerca o incluso penetrado nuestro alma que nos hace sentir vulnerables por distintas razones. En estos casos no dejaremos de ser enriquecidos, porque tarde o temprano se nos presenta la ocasión de aceptar nuevos elementos en nuestro espíritu que nos permiten sanar la herida e ir más allá, aunque este cambio es mucho mayor y más difícil que si simplemente dejamos abiertas las puertas y dejamos entrar libremente lo que pase por ahí en ese momento.

Lo mejor de todo esto es que nos permite acceder a nuevas experiencias, nuevas situaciones y personas desconocidas que nos enriquecen aún más y nos invitan a empezar otras aventuras. Además, todo esto nos permite comprender y tolerar lo que antes no soportábamos, lo que nos enfurecía y nos parecía injusto. Esto es de tal modo que, al incorporar nuevas energías, al incrementar nuestro bagaje de experiencias y al abarcar una imagen del mundo más amplia, nos deshacemos de sentimientos que nos pesan, nos retienen y nos atan a situaciones o energías que se cuelan por nuestro ser y no nos dejan ver distintas realidades ni seguir explorando.

Mi sueño es reunir tal bagaje de sabiduría y conocimiento que sea capaz de discernir los innumerables sentimientos, situaciones y personas que circulan por mis alrededores cada día para identificar y evitar que aquellos que me retienen me afecten de verdad y empaparme cada vez más de los que me ensanchan el corazón y me ayudan a fluir con la vida. De este modo, quisiera poder aprender más y más sobre los ríos de vida que corren por el mundo.

Las aguas de estos ríos aclaran nuestra vista y nos permiten ver el amor que hay en cada gesto, en cada sonrisa, en cada acción, en cada palabra, en cada color, en cada forma, en cada brisa. Nos permiten echar una ojeada más o menos temporal al paraíso de cuando en cuando, sintiendo cómo es, qué hay en él y qué aire se respira, entre otras muchas cosas, según quién lo perciba.

Y es curioso que las cosas que perciba del paraíso cada uno son otros indicadores más que nos ayudan a conocernos aún mejor y reinician el ciclo de crecimiento y surgimiento de nuestro alma que he relatado más arriba.

Y así cada vez reconocemos en mayor grado el paraíso que tenemos a nuestro alrededor, porque todo nos parece más bello, navegamos mejor por los ríos de la vida y disfrutamos más. A menudo se suele asociar con esos momentos en que decimos que "la vida nos sonríe". En esta situación, aceptamos mejor las cosas, tal vez porque nuestro grado de "incomodidad" con nuestra vida es bajo a lo que es usual para nosotros y podemos asumir las cosas. Empezamos a pensar que la vida tiene mecanismos y métodos para hacernos felices, caminos para llegar hasta nosotros.

Y, si seguimos por ese camino y no nos desviamos, nos vamos dando cuenta de que nos parecemos a eso que vemos fuera, que somos capaces de sentir más amor y devolver un poco del que nos da el paraíso que vemos. Cuanto más agradecidos estamos, más queremos hacer por aquello o aquellos a los que estamos agradecidos. A menudo esto es simplemente reducido a la idea de que cuando se hace un favor, se lo debemos, pero en realidad creo que esta fórmula social es muy hueca en comparación con el sentimiento profundo de agradecimiento y la satisfacción de haber ayudado a quien nos ayudó antes.

Y nos damos cuenta de que somos lo mismo que lo que hay fuera, porque todo está hecho de lo mismo y somos uno con nuestro ambiente y somos espectadores activos de nuestra habilidad de hacer feliz a la gente que nos rodea igual que nuestro mundo es capaz de hacernos felices a nosotros. Entonces se inicia una espiral de ayuda mutua y cuando nos sucede algo que no nos parece beneficioso en un principio, queda una mayor posibilidad que antes para pensar de una manera lo suficientemente positiva como para resolverlo sin problemas y no perder esa actitud positiva y de agradecimiento hacia la vida.

Y luego vemos que el amor y la entrega que vemos fuera no es más ni menos que un reflejo de lo que tenemos dentro, que somos nosotros los que facilitamos que el mundo nos trate mejor, los que allanamos el camino para que los ríos de la vida inunden la nuestra con mayor facilidad. Y vemos que los ríos de la vida están por todas partes, que todo depende de saber abrir las compuertas. Nuestro amor hacia nosotros mismos se incrementa en gran medida y de la manera menos egoista posible, sino más bien de autoaceptación y estar a gusto con nosotros mismos.

Y de esta manera somos cada vez más capaces de hacer más fácil la vida de los que nos rodean y de aquellos que rodean a los que nos rodean.

Me gustaría haber aportado algo a quien ha leído esta entrada, vuestros comentarios son más que bienvenidos. ¡¡Besos para todos!!

Antes de seguir con mi subjetivo y personal análisis, que es una colección de ideas más o menos interconectadas, quiero dejar claro a lo que me refiero con preconsciencia. La preconsciencia es donde yace nuestra memoria, de la que no somos conscientes en todo momento pero que es relativamente fácil de acceder, mientras que el inconsciente es difícil de acceder y se compone de material preverbal, anterior a cuando empezamos a hablar, durante los primeros años de nuestra infancia y, en parte, también de deseos y recuerdos reprimidos. Sin embargo, creo que si nos acostumbramos a manejar con relativa habilidad la preconsciencia, podremos tener un acceso ligeramente mayor al inconsciente.

Para hacer eso, hay que ir recordando esas cosas que no nos hace gracia tener presentes pero que tenemos que afrontar, que nos ha pasado hoy o ayer o hace una semana o un mes, o algo que hace mucho que pasó pero que nos pesa y que nos hace sufrir aún a día de hoy, o algo que nos impide ser más felices, ser más conscientes de nuestros pensamientos y ver cómo éstos nos impiden crear mayor felicidad en nuestras vidas, exponernos a formas de pensar que supongan un reto a nuestras creencias o a nuestras formas de enfocar ciertos recuerdos que nos duelen simplemente porque no hemos aprendido a verlos de una manera que no nos duela y nos beneficie.

Pero claro, todo esto es una práctica bastante desconocida para la sociedad en la que vivimos hoy en día, lo cual no justifica que cada uno de nosotros individualmente no lo hagamos, simplemente hace que haya menos posibilidades de que lo hagamos y no nos facilita los medios para hacerlo. Es más, nos dificulta la realización de estas tareas, ya sea impulsándonos a "desarrollarnos profesionalmente" con interminables cursos y másters, además del trabajo, ya sea ofreciéndonos oportunidades de conseguir cosas o situaciones que son mejores que las que tenemos, dando a entender que lo que podemos conseguir nosotros con nuestros medios no puede ser mejor, porque, al fin y al cabo, ¿qué es más aburrido e improductivo que "no hacer nada"?

(Ahora entiendo cuando los entendidos en materias espirituales piden que "no hagamos nada", en realidad esto es mucho más activo que ir a un concurso a contestar unas preguntas y ganar un dinero.) Entiéndase por "no hacer nada" todo lo que he dicho en el párrafo de antes.

Lo más curioso es que no sólo la sociedad no nos invita a "no hacer nada" o nos dice que "no hacer nada" es lo más aburrido que existe o nos dice que hay cosas mejores que "no hacer nada", sino que, además, esas cosas mejores en realidad son muy contraproducentes y te alejan de todo lo que es "no hacer nada", porque te distraen la mente y la autoestima y te invitan a creer que es a eso a lo que tienes que aferrarte porque es lo que te ayudará a moverte por la vida.

(Claro, a falta de valores extraídos del "no hacer nada", se acude a sucedáneos, como el orgullo, el sexo, el culto al cuerpo, el dinero, los bienes materiales, la seguridad material, el "amor de pareja", crear una familia...por poner algunos ejemplos.)

Está claro que no por dedicarse a "no hacer nada" uno tiene que dejar de lado todo lo demás, pero sí creo que el "no hacer nada" te permite acceder, definir y pulir el timón que dirigirá el barco de tu ser por las aguas de la vida (pues la vida es tan bella como eso, al fin y al cabo), y estas aguas incluyen todos los aspectos de la vida que acabo de decir. Para ser más concreto, yo definiría "no hacer nada" como conocerse a sí mismo, es adentrarse en las profundidades de nuestro ser, quitarle las telarañas, reconocer los desperfectos y aprender a transmutarlos de tal forma que lleguemos a ver el palacio que se esconde tras esas profundidades.

Ver lo que nos gusta en la vida y lo que no, reconocer el por qué de que nos guste algo o no, y ver si estamos a gusto con esos motivos o no, y el por qué de que estemos o no a gusto. Buscar qué es lo que nos mueve, buscar hasta encontrar lo que cante la misma melodía que la que suena en nuestro interior, y si no hay nada concreto que la toque, crearlo combinando lo que encontremos y que se acerque más a lo que buscamos.

Todo esto, que suena tan emocional, requiere ser independiente y pensar a tu modo, no permitir que nadie te diga cómo pensar, en especial, en lo que a tu ser y tu visión del mundo y la vida se refiere. Eso te expone y provoca que de cuando en cuando, alguien reaccione de mala manera, pero en el fondo, todos salen ganando. Todos salimos ganando cuando alguien de nuestro entorno está desarrollándose como ser humano, porque tiene una visión y un carácter más rico, gracias a haber reflexionado y tener una mente propia, sin seguir esas iras y esos sentimientos negativos que en su momento fueron de otras personas y que ahora son males comunes pues, al fin y al cabo, uno nunca puede sostener algo así porque en realidad no encaja con la forma de pensamiento intransferible e inherente a cada uno. (Este tema en particular podría llenar páginas y páginas, "La adquisición de un sistema de pensamientos ajeno." A ver si un día le dedico una entrada.)

Y éste es uno de los principales motivos por los cuales debemos profundizar en nosotros mismos, conocernos y recordar quiénes somos, hacer renacer el niño que una vez fuimos, rescatarlo del olvido y volver a ser fieles a nosotros mismos, estar en paz y nunca más dudar de nosotros mismos hasta el punto de desechar nuestra forma de pensar para sustituirla por una forma de pensar ajena por el simple pero poderoso hecho de no querernos.

El alcance que esto puede tener en nuestras vidas es tan grande que si se hiciera, el mundo cambiaría radicalmente y no sabríamos reconocer el lugar donde vivimos hasta pasadas unas semanas.

Un enlace muy útil y necesario